
Cuando cayó en mis manos Nocturna, la primera novela del director de cine Guillermo del Toro (El espinazo del diablo, El laberinto del fauno), pensé que podía devorarme sus más de 500 páginas en tiempo record y escribir sobre ella, pero todavía está allí sobre la mesita de luz de mi habitación, prácticamente intocada.
Entonces, un amigo me sugirió que viera The informers (2009), la recientemente estrenada película basada en la novela homónima del norteamericano Bret Easton Ellis. Después de verla me pasó algo que no solo pone en entredicho mi memoria, sino vuelve a hacerme pensar en las relaciones entre el cine y la literatura: solo cuando comentaba el filme con quienes lo había visto, me di cuenta no solamente que tenía un ejemplar de la novela entre mis libros, sino que la había leído hace tres años. La primera página tiene mi firma y la fecha 2 de junio de 2006. ¿Cómo había podido sucederme eso? Por un lado, la traducción al español lleva el título de Los confidentes (1994), factor lingüístico que a fin de cuentas no es para nada excusa suficiente; por el otro, además de no haber fijado en la memoria más que la bien ochentosa banda sonora del libro (mucho Culture Club y Boy George) y el festín de drogas que se dan sus personajes, releyéndolo me di cuenta que hay varias diferencias con la película que podrían no hacerme recordarla. Quién sabe. Aunque, pensándolo mejor, no hay excusa que valga.

Ellis fue uno de los guionistas de la película, dirigida por un ignoto Gregor Jordan, lo que probablemente hizo que la misma mantuviera algo de la esencia disruptiva del libro. Los personajes son básicamente los mismos, aunque se hecha en falta la ausencia de la historia vampírica de Jamie, que según tengo entendido estaba previsto incluirla, pero inexplicablemente la excluyeron. Winona Ryder reaparece, en el papel de la presentadora de noticias, demasiado aseñorada para quienes nos acostumbramos a verla eternamente adolescente y problemática; Mickey Rourke, quien interpreta al secuestrador, está bien envarado en su nuevo aspecto de hombre rudo y demente; Kim Bassinger, puras expresiones faciales de mujer engañada, casi desapercibida como su marido, interpretado por Billy Bob Thorton; grandes revelaciones: la promiscua belleza rubia de Amber Heard, y el impecable papel desempeñado por Brad Renfro como neurótico conserje de hotel e involuntario cómplice del secuestro.
La película, en fin, no está mal, aunque previsible y edulcorada si uno la compara con el libro. Si Los confidentes no existiera, The informers sería un filme probablemente de culto. Siempre habrá libros que no dejarán vivir tranquilas a ciertas películas, por más que éstas hagan bien los deberes y merezcan las felicitaciones correspondientes. Como espectador de The informers, hubiera preferido no hurgar un día de hace tres años en una librería de usados de la calle Montevideo. Hubiera preferido no recordar que entre los pañales y las toallitas húmedas de mi hija Ámbar, Los confidentes existe y que ya lo he leído.