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Edgar Allan Poe. Autor del relato "El silencio. (Una fábula)". |
La palabra fue usada y abusada por los modernistas del siglo XIX: nenúfar. Venía, es claro, de
las venas de Baudelaire y Mallarmé, quienes escribieron poemas en donde
abundaba esa palabrita. Es muy probable que la misma fuera mucho más popular en
su original francés, nénuphar, que en el
castellano del siglo XIX. Pero estoy casi seguro, también, de que fue un poeta
romántico estadounidense, Edgar Allan Poe, el responsable de que la misma se
extendiera en la poesía francesa simbolista primero, y luego en la americana
modernista. (Si no me equivoco, la expresión que en castellano se prefería y se
sigue prefiriendo en América es “victoria regia”, y en Paraguay simplemente es
más conocido en guaraní: “yrupe”).
Esto sucedió,
creo, porque Baudelaire había traducido al autor de “Annabel Lee”. Yo conocí
esa palabra gracias a Poe precisamente, y no a los modernistas ni a los
simbolistas. Recuerdo el año: 1997. Fue gracias al poético cuento “El silencio
(Una fábula)”, de 1837, traducido por Julio Cortázar. Todavía recuerdo cuando
lo leí en una emisión radial que teníamos con la Sociedad Literaria Metáfora,
allá por fines de 1999, en la radio comunitaria “Ara Pyahu” que funcionaba en
la Cooperativa de Luque.
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Charles Baudelaire. Traductor al francés del cuento. |
En ese relato
Poe había escrito: “For many miles on either side of the river's oozy bed is
a pale desert of gigantic water-lilies”. El
autor de Rayuela tradujo: “A lo
largo de muchas millas, a ambos lados del legamoso lecho del río, se tiende un
pálido desierto de gigantescos nenúfares”. Baudelaire había traducido antes:
“De chaque côté de cette rivière au lit vaseux s'étend, à une distance de
plusieurs milles, un pâle désert de gigantesques nénuphars”. “Lila de agua” es
la traducción literal del término usado por Poe y, de hecho, también se le dice
así a la planta. Sospecho que Cortázar tenía a la vista la traducción de
Baudelaire cuando tradujo el relato, además de la todavía fresca memoria de su
uso por parte de Rubén Darío y los suyos.
He investigado
un poco, y el origen de la palabra es árabe, migrada al castellano por medio
del dialecto andalusí. Sin embargo, los botánicos (desde 1809, cuando el
británico John Smith nombró a este género de ninfeáceas) usaron un término más
acotado, “nuphar”, porque “núfar” era la manera en que se decía popularmente
hasta que los poetas franceses en ese mismo siglo, al parecer, recuperaron la
palabra por medio de una traducción no literal de Poe, y regresó al castellano
peninsular por medio, a su vez, del castellano americano con los poetas
modernistas.
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Julio Cortázar. Traductor al castellano del relato. |
Los poetas
españoles terminaron utilizándola tanto e indiscriminadamente, que se cuenta
que muchas veces no conocían siquiera a qué hacía referencia: solo les gustaba
el sonido de embrujo de la esdrújula en su forma plural. Así dice la leyenda
que un día el poeta Francisco Villaespesa estaba paseando con Unamuno cuando
vio estas plantas en un estanque. Sorprendido, le dijo al autor de Del
sentimiento trágico de la vida: “Mire
usted, Don Miguel, ¡qué maravilla!, ¡y flotan! ¿qué serán?”. Unamuno respondió
con total naturalidad: “Son nenúfares. Esas flores de las que tanto habla usted
en sus poemas”.
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El libro de Nelson Roura. |
En la década del
sesenta, el poeta paraguayo fallecido tempranamente, Nelson Roura, publicó Nenúfar
del silencio. Ignoro si era conciente de
que, según esta teoría que acabo de enunciar, el título de su libro incluía una
palabra (nenúfar) contigua a otra (silencio) que hace alusión al origen de la
popularidad literaria de la primera: un relato de Edgar Allan Poe traducido por
Charles Baudelaire traducido por Julio Cortázar.