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Luis Casabianca |
Casabianca está al otro lado del teléfono, y se aparta un rato del corro de huelguistas y crucificados choferes de la Línea 30, a quienes acompaña con ímpetu juvenil en su lucha, para contarme: “Nosotros estábamos relacionados con Neruda a través de María Maluenda, actriz y luchadora social chilena, quien formaba parte en Chile de un grupo de solidaridad por la libertad de los presos políticos en Paraguay. Maluenda era diputada y muy amiga de Neruda. Íbamos a su casa ubicada en el cerro San Cristóbal, de Santiago, a la que llamaba La Chascona. Neruda pasaba de vez en cuando un rato por ahí, y le veíamos con Carmen”.
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Carmen Soler por Federico Caballero. Portal Guaraní. |
—¿Y cómo se sentía la gente en medio del dolor del golpe y de la muerte de Neruda?
—La gente estaba con mucho dolor y con mucha indignación. Pero era ya un clima de resistencia y de esperanza, de que podía recuperarse lo conquistado y derrocar a la Junta. La gente aprovechó esa oportunidad para manifestarse.
—¿Se temía una represión?
—Estaban los carabineros apuntando con metralletas, con camiones blindados, pero no llegaron a tomar ninguna medida represiva. No reprimieron porque estaban algunos embajadores, creo que los de Italia y Suecia. La marcha la encabezaron los intelectuales, todos los políticos de la época, menos los fascistas.
—¿No hubo otros paraguayos además de las personas que mencionó?
—No vi a otros paraguayos. [El sociólogo] Tomás Palau estaba en Santiago, pero no fue. Lo visité luego, y le llevamos la noticia de la manifestación popular, lo cual lo animó mucho, pues él estaba muy afectado por los acontecimientos. La gente quedó muy desmoralizada, muy apesadumbrada, a todos nos cayó muy mal
el golpe, y la muerte de Neruda luego.
Casabianca y Carmen Soler, exactamente un mes después de la muerte del poeta, se asilaron en la Misión Comercial Cubana, a cargo de la diplomacia sueca, pues la embajada de la isla había sido asaltada. “Queríamos ir a Argentina, a Francia o a Italia, pero no pudimos. A mí me asiló [el escritor] Carlos Villagra Marsal, quien trabajaba por entonces en la CEPAL. Subimos a su camioneta, y él nos metió a la Misión, sin ningún equipaje".
Aquel 23 de setiembre de 1973, Carmen Soler escribió, peculiarmente directa y rabiosa: “Esta noche tan negra/ no es toda oscura./ Dos estrellas alumbran/ desde la altura”.