
27/8/09
Un espectro en Nueva York

26/8/09
Nueva traducción de Gran sertón: veredas, de Joäo Guimaraes Rosa
Diario Perfil, de Buenos Aires, domingo 2 de agosto pasado. El escritor Luis Gusmán escribe: “Voy a contar una confidencia que Roa Bastos me refirió en una conversación en alguno de los cafés que solíamos tomar por la calle Corrientes. Una confidencia que deja de ser personal, porque viene de la voz de un escritor que escribió una novela de la magnitud de Yo el Supremo. Alguien capaz de apreciar no sólo la extensión, sino la fatalidad y el exceso de la lengua hecha novela. Fue en una de esas charlas que Roa Bastos me dijo: «Guimarães es el más grande»”.Este mes, el gran escritor brasileño cuenta con una nueva edición al español de su más célebre novela, en la ya clásica traducción del español Ángel Crespo, Gran Sertón: Veredas (Editorial Adriana Hidalgo), una fiesta del lenguaje, pero también de la cultura brasileña del Nordeste, del dolor y el oprobio, de la alegría caradura de vivir. Hacía falta esta edición, pues es difícil conseguir una, incluso en las tiendas de libros usados. El autor fue comparado con James Joyce en su trato revolucionario de la lengua portuguesa; y el finado Mario Benedetti sumaba a ellos a Roa Bastos como deconstructor y constructor del español. El paraguayo supo homenajearlo: Un pasaje alucinante de Yo el Supremo está basado en el cuento “La tercera orilla”, del brasileño.
Antonio Dal Masetto cuenta la vida breve

¿Qué tipo de historias se cuentan hoy en la literatura? Podríamos poner dos senderos, para simplificar. Por un lado, las que narran escritores como Cormac McCarthy o Roberto Bolaño, Don Delillo o Efraím Medina Reyes, ferozmente independientes e inteligentes, audaces, a veces fracasadas, pero nunca temerosas de adentrarse en territorios difíciles. Por otro lado, las historias escritas por autores como John Grisham o Isabel Allende, Arturo Pérez Reverte o Stephen King, con un mínimo de variación con respecto a su propio canon, de fórmulas repetidas y eficientes. Ambas formas, sin embargo, tienen un vértice en donde se unen (con suerte dispar, es cierto, para cada una de ellas en cuanto obras de arte). Son historias que pretenden contar grandes hechos, de grandes hombres y mujeres, aunque en apariencia sean insignificantes. (Habría que desarrollar más esta idea en otro momento.)
Hay un grupo minúsculo de escritores que no forma parte de ninguna de estas dos tendencias, porque les interesan los anónimos, la vida vista con una lupa a la Balzac, pero con menos pretensiones sociológicas. El más célebre de todos hoy día sería, en mi opinión, John Berger. En América Latina, sin dudas, uno de los más interesantes sería Antonio Dal Masetto.
Sacrificios en días santos (Sudamericana, 2008), su última novela, se adentra en el guión cotidiano de los habitantes de un pueblo sin nombre. Un hecho los vincula a todos indefectiblemente: un carpintero es pillado por las alumnas de un colegio religioso en plena actividad sexual con su oveja. A partir de allí, todos aparecen y desaparecen: el intendente, el sacerdote, el comisario, la señora militante de la moral. Todos tienen sus miserias, sus oscuros secretos. Pero prefieren que el carpintero tenga más defectos que ellos. En medio de todo, una tortuosa y adolescente historia de amor... Linda la novela. Como para recuperar el derecho a leer historias sin demasiadas ampulosidades.
Diez años sin Olga Orozco
“Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero./ Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe...”. El poema completo estaba trascripto en el desaparecido suplemento cultural del diario La Nación, de Asunción, dirigido sabiamente por la poeta Susy Delgado. Corría (creo) el año 1998, y todavía Orozco vivía. Llegaron hasta mí con el oscuro sabor de un descubrimiento colegial: había encontrado a una poeta que tenía un dejo de desinteresado, nada ostentoso intelectualismo, y mucho de tratado metafísico femenino, algo a lo que no estaba acostumbrado. La seguí de aquí para allá, como podía, con poco fingido furor, hasta que murió, un año después, el 15 de agosto de 1999. Misteriosamente, no volví casi a leerla, casi como un mandato de la muerte. Hasta que me encontré con la efeméride que me recuerda que soy diez años más viejo. Su poesía, sin embargo, no envejeció.Nacida el 17 de marzo de 1920, fue, probablemente, la mujer poeta argentina más interesante y compleja de la segunda mitad del siglo XX. (Yo la aprecio más que a una balbuciente Pizarnik, a quien muchos, y sobre todo muchas, idolatran con inocultable exitación.)
Hoy recuerdo ese poema titulado “Gail Hightower”, en alusión al iluminado y patético reverendo que habita una de las más grandes novelas que se hayan escrito alguna vez, Luz de agosto, de William Faulkner: “¿Qué perdón, qué condena,/ alumbrarán el paso de una sombra?”, se pregunta. Si se trata de la sombra de Orozco, todo el perdón y ninguna condena.
18/8/09
Narrar a Asunción: una necesidad
En 1925, John dos Passos escribió Manhattan transfer. Hasta ese entonces, en ninguna otra obra una ciudad - en este caso Nueva York- había llegado al punto de convertirse ella misma en el personaje principal de una novela. (Claro, con el precedente inexcusable, de tres años antes, de la Dublín del Ulises, de Joyce.) El escritor norteamericano narraba, en tiempo real, la metamorfosis de una ciudad convirtiéndose en una fabulosa monstruosidad, con su bullente reguero de seres humanos y rascacielos nacientes. Ya en 1929 vendría Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin, quien puso el ojo en un forúnculo de la metrópolis alemana, el barrio, sin perder de vista la macro urbanidad. En América Latina, Carlos Fuentes escribió La región más transparente (1958), donde Ciudad de México vigila con un ojo abierto siempre a sus habitantes; Sabato mostró el mundo subterráneo de Buenos Aires, real y metafóricamente hablando, en Sobre héroes y tumbas (1961); Juan Carlos Onetti y Benedetti cifraron dos tiempos distintos de Montevideo en sus cuentos y novelas; La Habana de otros días, pero también perdurable, se muestra en Tres tristes tigres (1964), de Guillermo Cabrera Infante. Son solo ejemplos.¿Y Paraguay? ¿Y Asunción? No se puede decir que haya "una novela de Asunción" dentro de la literatura paraguaya; y, creánme, eso se echa en falta. Hubo y hay abordajes varios de su naturaleza y su magia, pero todavía no la han convertido en un personaje con vida propia, no solo en el sentido de Dos Passos, sino en el de escritores más jóvenes de la región, que sienten lo urbano como una imposición y como una elección apasionantes: Roberto Bolaño, Efraím Medina Reyes, Juan Villoro, Rodrigo Fresán, entre otros.
Mabel Pedrozo, Luis Hernáez, José Pérez Reyes y Carlos Martini buscan, acaso por el propio influjo de sus vidas urbanas, mostrar la Asunción que ellos ven y reinventan en sus ficciones. Aquí nos cuentan qué ven y cómo ven. Tienen precursores, por supuesto; así como tendrán sucesores. (Para una idea de la narrativa urbana de escritores en su mayoría inéditos, ver el volumen colectivo Anales urbanos, Arandurã, 2007.)
Lo cierto es que Asunción necesita que la narren hoy. Reclama a gritos su imperfecta condición de musa.
* Publicado el sábado 15 de agosto en el Correo Semanal del diario Ultima Hora.
8/6/09
Mario Benedetti: Literatura y tautología
Aveces hay facetas literarias menos conocidas, esquinas menos visibles de un escritor, desprovistas de oportunos faroles públicos que las iluminen y las preparen para la llegada de un súbito lector. Es hasta si se quiere normal que eso suceda: un reconocimiento bien ganado en un lugar (el de la poesía, pongamos por caso), pocas veces es equiparable a la posibilidad de ganarlo en otro (el ensayo, por ejemplo). Sucede, es cierto, pero no siempre. Grandes poetas —pienso en Jorge Guillén o en T. S. Elliot— han demostrado que campos como la crítica, e incluso la teoría de la literatura, no eran foráneos e inextricables para su lucidez, sino compañeras en la persecución del conocimiento y el misterio que sus propios poemas realizaban. En otros casos, incluso, todo el afán puesto en una carrera literaria de ficción es superado, soberanamente, por la acometida en géneros considerados menores: pienso, entre otros, en la neblinosa Anaïs Nin, menos perdurable por sus cuentos y novelas que por sus procelosas confesiones a su diario íntimo y dulcemente herético.Onetti, literatura y transfusión de sangre
En alguna parte de Madama Sui, ese personaje poco recordado(y acaso uno de los más entrañables de Augusto Roa Bastos), OttavioDoria le da una lección magistral e incontestable al narrador sobre cómo escribir novelas. Doria asesta un metafórico golpe con el bastón del Capitán Ahab melvilliano en la vanidad omnisciente del escritor, del mismo Roa Bastos. Y en otro, recuerda el ejemplo clarividente de Juan CarlosOnetti (foto), solitario y urdidor de historias en su Santa María hecha de sombras, bajo el cuidado y la compañía de Dolly, su esposa. Así es: Doria homenajea no solo a Onetti, sino también a su mujer, la que por más de cuarenta años estuvo a su lado: Dorothea Muhr, una violinista profesional hoy jubilada. Ella —que todavía vive—declaró, semanas antes del centenario de su célebre marido, que para él la literatura era “como una transfusiónde sangre” que le permitía“revivir”, y que por más que sus relatos son un dechado de pesimismo genuino, “al mismo tiempo hay en ellos una alegría de vivir”. Sin pudor alguno de calificara su extinto marido como“muy mujeriego”, contó que, durante su infancia, Onetti se pasaba “encerradoen un gran armario de sucasa, con un vaso de café, un gato y un libro. Por las noches, cuando su madre apagaba la luz, usaba una linterna para seguir leyendo. Así se estropeó los ojos”.
7/6/09
Italo Svevo revisitado
Hace poco, Ever Román me hizo pensar en Italo Svevo (1861-1928). Me contó que andaba leyéndolo bastante y yo recordé que en algún momento del 2001 también lo leí con interés. Claro, a estas alturas Ever ha leído ya varios libros del autor triestino, mientras yo solo conozco La conciencia de Zeno (1923). Hace unos minutos saqué mi ajado ejemplar del estante y me puse a realizar una actividad que de vez en cuando hago con cierto afán autoincriminatorio: leer las partes subrayadas. Me encontré con el visionario talento epigramático de Svevo, con mis intereses personales de casi una década atrás; me reí de mí mismo al leer algunas frases marcadas como si fueran momentos iluminadores y que hoy son más bien cajitas vacías sin ningún sentido especial.No sé si alguna vez volveré a leer a Svevo. De todas formas, creo que me será difícil olvidar el primer capítulo tiulado "El tabaco" (que el cuentista peruano Julio Ramón Ribeyro considera uno de los pocos homenajes dignos en la historia de la literatura al vicio y el placer de fumar), ignorar el cinismo entusiasta de Zeno Cosini y su fanatismo pequeñoburgués por las mujeres y el arte. Transcribo un par de aquellas frases subrayadas (¡con bolígrafo rojo y ayudado por una regla, según veo!). La traducción es de Carlos Manzano (Bruguera, 1982).
"Creo que el cigarrillo tiene un gusto más intenso cuando es el último. También los otros tienen un gusto especial propio, pero menos intenso. El último recibe su valor del sentimiento de la victoria sobre uno mismo y de la esperanza deun próximo futuro de fuerza y de salud. Los otros tienen su importancia, porque, al encenderlos, manifiestas tu libertad y el futuro de fuerza y de salud subsiste, pero se aleja un poco".
"Libertad completa es la de poder hacer todo lo que se quiere a condición de hacer también algo que no gusta tanto. La auténtica esclavitud es la condena a la abstención: Tántalo y no Hércules".
"La palabra en la noche es como un rayo de luz. Ilumina un retazo de realidad ante el cual se desdibujan las construcciones de la fantasía".
"Las lágrimas no expresan dolor sino su historia".
"Ya no era posible adorar a Carla por un breve período del día y después odiarla durante veinticuatro horas seguidas, y levantarse todas las mañanas, ignorante como un recién nacido, para vivir el día, tan semejante a los anteriores, para sorprenderse de las aventuras que aportaba y que debería haber sabido de memoria. Eso ya no era posible. Se me presentaba la eventualidad de perder para siempre a mi amante, si no sabía dominar mi deseo de librarme de ella".
"Yo protestaba, pero Bach avanzaba seguro como el destino. Cantaba en lo alto con pasión y descendía a buscar el bajo obstinado, que sorprendía aun cuando el oído y el corazón lo hubiera previsto: ¡el momento justo! Un instante después y el canto se hubiera desvanecido y la resonancia no habría podido alcanzarlo; un instante antes y se hubiera superpuesto al canto y lo hubiera ahogado. Pero a Guido no le sucedía eso: no le temblaba el brazo ni siquiera al enfrentarse a Bach y eso era una auténtica inferioridad".
29/5/09
Los periodistas de economía

Mikael Blomkvist opinaba que el cometido del periodista económico era vigilar de cerca y desenmascarar a los tiburones financieros que prococaban crisis de intereses, que especulaban con los pequeños ahorros de la gente en chanchullos sin sentido de empresas puntocom. Tenía la convicción de que la verdadera misión del periodista consistía en controlar a los empresarios con el mismo empeño inmisericorde con el que los reporteros políticos vigilaban el más mínimo paso en falso de ministros y diputados. A un reportero político nunca se le pasaría por la cabeza llevar a los altares al líder de un partido político, y Mikael era incapaz de comprender por qué tantos periodistas económicos de los medios de comunicación más importantes del país trataban a unos mediocres mocosos de las finanzas como si fuesen estrellas de rock.
De Los hombres que no amaban a las mujeres, Editorial Destino, pág. 82.
28/5/09
La Gran Muralla Norteamericana

-Caspar y yo pensamos que Estados Unidos tendría que levantar un muro a lo largo de la frontera mexicana, tan grande como la Gran Muralla, y vigilarla con hombres armados, dejándoles claro a esos países que aquí tenemos propios problemas.
-Es una buena idea.
-Así por lo menos podremos responder nuestro propio problema con los negros.-No sé lo que pensarán Delia y Caspar de Bosobolo, pero por si acaso no se lo pregunto. Para ser anticolonialista, Delia tiene fuertes instintos coloniales-. Ustedes los escritores siempre están dispuestos a navegar en la dirección que sople el viento, Frank.
-El viento puede llevarle a uno a lugares interesantes, Dee -le digo con seriedad burlona, pues Delia sabe cómo pienso.